Mi voluntariado internacional en Clínica de lo Social

Siempre me ilusiona contar mi experiencia como voluntaria internacional en el programa Clínica de lo Social de la Institución Tecnológica Colegio Mayor de Bolívar, en Cartagena de Indias (Colombia).

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Se acercaba el verano y seguía buscando un proyecto que encajase conmigo, o buscándome a mí misma. Antes de decidirme entre dos opciones bastante apetecibles, asistí a unas jornadas sobre voluntariado. Y allí estaban ellas, tan cercanas, contándome como si fuese la única en la sala, lo que iba a ser mi próxima aventura. Me daba igual el lugar, sólo pensaba en la oportunidad de aportar todo lo que sé y soy. ¿O lo que sabía y era?

“El programa Clínica de lo Social tiene como objetivo fortalecer el tejido social a través de procesos de intervención integrales, utilizando el trabajo en red comunitaria desde la perspectiva de los derechos y el desarrollo humano, con el fin de contribuir a la construcción de una ciudadanía plena. Se desarrolla en los barrios de desplazados por conflicto armado o impacto ambiental, caracterizados por pobreza extrema y conflictos sociales que amenazan la dignidad de las personas: embarazo precoz, abuso sexual, violencia intrafamiliar, pandillismo, consumo y venta de drogas y falta de atención sanitaria, escolarización y protección social.”

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Ahora sí, lo tenía claro a falta de resolver una cuestión. Me acerqué a ellas y les pregunté si podía ir. Ya estaba hecho. O eso me pensaba yo… Faltaban pocos meses, tenía que dejar el trabajo para poder irme, al tiempo que mantenía el piso en Alicante y corría con todos los gastos de mi estancia como voluntaria. Mi cara cuando lo pensé: un poema. Mi mente: a mil.

Eso del crownfunding no va conmigo, así que empecé a darle vueltas a acciones que me ayudasen a financiar el proyecto y, además, dieran visibilidad a la población hacia la que iba dirigido. Unas llamadas por aquí, mucho morro por allá y ¡listo!.

Lo primero que conseguí fue organizar un sorteo para ganar 1 invitación a una de las Cenas con Delito, en las que participa como actor un amigo mío. ¿Cómo? Igual que cuando era pequeña y me paseaba de puerta en puerta vendiendo papeletas. Sólo que, en esta ocasión, me ayudó a venderlas hasta el apuntador y utilicé Facebook como plataforma de difusión.

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Pero no era suficiente y, entonces, me acordé de mi amigo Chino que venía de recorrer Nueva Zelanda en bici gracias a patrocinios. Y resulta que teníamos en común al gerente de Trendsplant, que decidió echarme una mano (más bien una caja) llena de artículos de su tienda. Pero… ¿Qué podía hacer con ellos?

Solución: llegaba el momento de perder la poca vergüenza que me quedaba. Llamé a un conocido de Madrid, músico y responsable de la programación de la sala Contra Club y la cosa empezó a rodar. Contacté con otro amigo músico, ellos con más compis de profesión y surgió la magia: una noche de conciertos benéficos, en los que el precio de la entrada iba íntegro para el proyecto. Además ahí fue donde monté el mercadillo solidario con los artículos de Trendsplant, cosas del directo.

Ahora sí, después de mil escalas interminables, llegué a Cartagena. La responsable del proyecto, con la que compartí habitación la primera semana hasta que se liberó la que yo iba a ocupar, me enseñó todos los rincones de la ciudad y lo que iba a ser nuestra oficina. Yo estaba muy emocionada y con ganas de empezar y, el ritmo costeño, que no es otro que el de los antiguos anuncios de Malibú, no evitó que al día siguiente fuera a los barrios a conocer a los niños, niñas y líderes comunitarios. Eso sí, con la misma ropa día sí, día también (nota mental: Ir siempre con equipaje de mano para que no te pierdan la maleta).

El barrio
El barrio

No os miento si os digo que aun estando allí, no sabía lo que me depararía mi estancia. Tenía una hoja que indicaba que iba a realizar talleres para niños, niñas y adolescentes y formación para familias. Imaginad lo que es hacer escala en EEUU camino a Colombia… me ahorré muchos interrogatorios y registros de maleta. Pero sería muy largo relatar cómo fueron sucediendo las cosas, así que iré al grano y os contaré que me convirtieron en una más de un equipo de 4 entregadas a la causa, lo que me llevó a participar en proyectos ya creados y a desarrollar nuevas ideas.

A nivel institucional, las acciones fueron encaminadas a dar visibilidad al programa y a enriquecerlo con la creación de la página web y RRSS, apertura de cuenta bancaria para donaciones, presentación del programa a la alcaldía, organización de sesiones de educación sexual, alimentación y salud por parte de diferentes profesionales, etc.

Los voluntarios y estudiantes de Promoción Social que nos acompañaban son padres y madres que viven en los barrios y una de las tareas era empoderarlos, así que hicimos charlas para enseñarles a desarrollar actividades de manera coordinada y a realizar correctamente los informes de prácticas. Además, creamos el Diplomado “Liderazgo Comunitario como plataforma ciudadana”, el que participé como docente en los módulos de liderazgo y trabajo en equipo, y formé a una madre que había creado una “escuelita”.Niños nuevos en el programa.JPG

Dentro del programa había diferentes proyectos destinados a los más pequeños: turismo comunitario, deporte y pedagogía. Organizamos viajes para que conocieran la ciudad (algunos nunca habían salido del barrio); hicimos ligas deportivas inclusivas con los equipos del Club de fútbol que se había formado; clases de refuerzo escolar que, en algunos casos, eran la única educación que recibían; y disfrutamos de actividades de educación en el tiempo libre con más de 200 niños y niñas, a los que aprovechábamos para darles, en ocasiones, su única comida del día. Estos eran, sin duda, los momentos en los que más disfrutaba y aprendía y es la razón que me impulsa a necesitar revivirlo.

Es increíble ver tanta sonrisa junta. Así que cuando alguien me pregunta acerca de si hacer o no un voluntariado, siempre tengo la misma respuesta: no te lo pienses, vive la aventura lo más intensamente posible, entrégate a una experiencia que va a cambiarte la vida y, cuando vuelvas, grítame que quieres repetirlo una y otra vez.


|Escrito por Claudia Bornay, maestra de Audición y Lenguaje|

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