Mi experiencia en el sistema educativo finlandés

El pasado mes de octubre tuve la oportunidad de viajar a Finlandia, concretamente a su capital, Helsinki, para conocer de primera mano las luces y sombras de su aclamado sistema educativo. Volví con una opinión diferente a lo que imaginaba. ¿Queréis saber cómo fue la experiencia y lo que me traje a España? ¡Seguid leyendo!

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Finlandia está considerado el país más feliz del mundo y no es casual que la educación sea un tema blindado por ley y que la confianza en el profesorado y el bienestar del alumnado sean sus principales valores.

La mala noticia que comprendí nada más llegar, es que hay muchos aspectos que nos alejan de poder tener su sistema educativo. Siendo realistas, en España no podemos reducir la población (somos 47 millones frente a 5.5 millones de finlandeses) para poder permitirnos aulas de 19 niños y niñas, contratar a un profesor para cada 7 alumnos y que el 99% del presupuesto destinado a educación vaya a parar a la escuela pública. Suena a utopía, pero allí es real.

¿Y las buenas noticias? ¡Muchísimas!

Esta experiencia me permitió visitar diferentes espacios educativos: desde escuelas infantiles a bibliotecas y escuelas de arte. No podría contaros en tan poco espacio todo lo vivido pero os contaré qué es lo que más me gustó y creo que no es tan difícil de aplicar en otros países:

  • La base del sistema finlandés es la confianza, tanto en las capacidades del alumnado como en el profesorado. Y hacer esto, ES GRATIS.
  • La contribución del resto de la comunidad educativa de forma activa (familias y otras personas podían entrar en las aulas como apoyo al profesorado y al terminar la jornada) 
  • La educación infantil se imparte fuera de los centros de primaria hasta los 7 años. El equivalente a 1º de primaria allí se puede hacer en los dos tipos de centros pero se mantiene el horario y tipo de trabajo de la escuela infantil.
  • El alumnado está muy acostumbrado a ir descalzo en toda la escuela y a ponerse y quitarse prendas a menudo por los numerosos descansos que tienen (15 min cada 45 de clase en primaria). Esto propicia que sean más resolutivos y autónomos en tareas de autocuidado desde bien pequeños. 
  • Hay como mínimo 2 docentes por aula (con un máximo de 20 alumnos y alumnas). Esto facilita la inclusión porque se puede dar más atención a las necesidades individuales. 
  • El profesorado tiene bastantes horas semanales de trabajo personal programadas en su horario. Estos horarios son conocidos por la comunidad educativa. 
  • Se generalizan prácticas de co-evaluación entre profesionales debido a la docencia compartida. Esto les hace ser más abiertos a colaborar (aspecto que debería ser obligatorio en nuestra profesión).
  • El currículum es muy flexible, parte del estatal, pero hay bastante libertad en los tiempos y modos. Por ejemplo, se introducen asignaturas más útiles para la vida relacionadas con tareas del hogar, carpintería, etc.
  • No hay exámenes, ni notas, ni evaluaciones externas, pero sí otras muchas formas de evaluar y de transmitir la información a las familias (con las que se tiene un mayor contacto debido a que hay menos carga burocrática).
  • No hay inspección educativa. La dirección de cada centro asegura el buen funcionamiento del mismo. Tampoco existen las oposiciones, por lo que el profesorado puede trabajar en un centro que le guste (superando una entrevista) y hay mayor estabilidad en las plantillas.
  • Las plazas en escuelas se asignan por proximidad, ya que hay equidad de recursos para las escuelas de todo el país. Este aspecto es clave para conseguir la igualdad de oportunidades y una sociedad justa y cívica. Y una vez más, se propicia la autonomía del alumnado (y no menos importante, se reduce la contaminación y dependencia del adulto) ya que pueden ir al colegio andando.

Me gustaría acabar este post con la reflexión que yo he hecho de este viaje. A pesar de las maravillas que vemos de su sistema, he vuelto pensando que los docentes españoles estamos tan cualificados como los finlandeses (o más)  y somos más innovadores ya que hemos tenido que agudizar nuestras capacidades a base de toparnos con muchas dificultades económicas y sociales. Por esto creo, que en igualdad de condiciones, podríamos tener un sistema educativo incluso mejor. Esto es lo que me llena de esperanza aunque nuestra generación no sea la que vaya a ver los resultados… Y si no me creéis, que se lo digan a esos docentes que diseñan proyectos educativos tan increíbles que erradican el absentismo escolar de un colegio, por ejemplo. Por supuesto, estos son problemas a los que la sociedad finlandesa no tiene que enfrentarse a día de hoy, pero esa ya es otra cuestión que daría para otro post.


|Escrito por Paula Berciano|paulapt

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